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20 junio 2012

Caminar por caminar

Hoy me percaté de lo mucho que disfruto caminar.  Y no hablo del simple acto motriz de mover las piernas para desplazarme de un sitio a otro, hablo de la libertad de poder moverme, ya sea con o sin rumbo definido, y que permite relacionarme con mi entorno, con mi gente, y con mi ciudad.

En algunas ocasiones he mencionado sobre la necesidad de respetar e integrar a las personas con discapacidad.  También de la necesidad de hacer nuestras ciudades más accesible, pero sobre todo, de volver accesible nuestra forma de pensar y de verlos a ellos.  Es curioso, pero cada vez que observo a un discapacitado en silla de ruedas, bastón, muletas… me parece que el discapacitado soy yo, pues ellos se mueven sin complejos, sin obstáculos, sin paredes. 

Caminar no solo ejercita, el caminar integra. Caminar nos da la oportunidad de intercambiar miradas, sonrisas, gestos, malas caras, de observar, de sentir el aire, los olores, nos conecta con el entorno
Caminar por nuestras ciudades es difícil, y en ocasiones imposible.  Banquetas estrechas, mal construidas, obstáculos, mobiliario mal ubicado, comerciantes ambulantes, jardineras anti-ambulantes, coches estacionados, carpas de negocios… todas un repertorio que atentan mi derecho a caminar, a transitar, a disfrutar mi ciudad.

Caminar es cosa de todos los días: caminamos a la escuela, caminamos al trabajo, al autobus, a la estación del metro, a la tienda, a la farmacia… a donde sea.  Pero es hora de dejar de caminar por caminar.  Es hora de fomentar los espacios para hacerlo, de alzar la voz y exigir que se respete nuestro derecho a caminar. Es hora de exigir zonas dignas y de preguntar qué se hará en los próximos años al respecto. Es hora de preguntar. Es hora de caminar.


05 junio 2012

Una manera de pasar el sábado

Uno puede levantarse muy temprano, a las 5 de la mañana, por ejemplo, e irse a caminar con los amigos. Nada demasiado inusual en todo ello, una manera entre otras de pasar el sábado.

Si el tiempo acompaña y no hace excesivo calor ni llueve puede convertirse no sólo en una forma de hacer ejercicio, sino también de cultivar las relaciones sociales, caminar juntos une mucho, por aquello del esfuerzo compartido.

Esa caminata puede transformarse además en un símbolo, y entonces la cosa cambia, y mucho. Es muy posible que el colectivo que camina quiera decir algo, quiera destacar que está dispuesto al esfuerzo, a no rendirse con facilidad ante lo que considera injusto.

Es altamente probable que los profesores, estudiantes y padres que inician marchas y también los que se les unieron por el camino, estén decididos a hacerse oír.

Entre sus voces ninguna pide aumento de sueldo, sólo que los recortes económicos no se ceben con la enseñanza pública, que sea de verdad de todos y para todos, compensadora ante las desigualdades y propiciadora de posibilidades.

Asusta pensar que pueda llegar a haber una generación con menos oportunidades de preparación que sus padres, e incluso que sus abuelos, cuando hablamos de niños que comienzan ahora su andadura por el sistema educativo.

Quizás no resulte tan cansado caminar muchos kilómetros, como seguir oyendo decir que los maestros no tienen derecho a protestar, que tienen un trabajo fijo y cómodo. Se olvidan de añadir, no obstante, que también puede resultar muy gratificante cuando ves cómo avanzan tus alumnos, comprobando que puedes ofrecerle a cada uno exactamente lo que necesita. Lo contrario desespera bastante.

Llega también a cansar explicar lo obvio: que en la enseñanza pública con miles de profesores interinos, que quiere decir provisionales, muchos de ellos trabajando sólo a media jornada y que cabe la posibilidad de que el curso que viene un buen número de ese colectivo no trabaje.

Totalmente de acuerdo en que se racionalicen los gastos, en que no se despilfarre, en que nos apretemos un poco el cinturón, pero no a costa de la calidad en la educación de nuestros hijos ni en la pérdida de servicios sanitarios o sociales.

No vaya a ser que no tengamos suficientes sábados.

27 mayo 2011

Ruido: la justicia es el último recurso

Reclamar por vía judicial es el último recurso que nos queda.
Puede presentar una denuncia por vía penal ante el Juzgado de Instrucción o de Guardia o la Fiscalía de Medio Ambiente. Lo único que le puede suponer es que en el juicio se le requiera para que declare como testigo.
Otra posibilidad del derecho penal es que presentemos una querella. Debemos contactar para ello con alguno de los abogados especializados en estos temas, por lo que sólo te interesará si ha sufrido un daño directo y persigue su reparación. Como parte en el proceso, podrá solicitar y proponer pruebas, calificar los hechos y pedir responsabilidades penales y civiles. En algunos casos puede ser interesante la opción de constatar este hecho en alguna de las notarías a fin de dejar certificado que sufrimos este problema continuado sin encontrar ningún tipo de solución.
Puede usted también buscar el apoyo de asociaciones ecologistas o especializadas en asuntos de medio ambiente, para que sean éstas las que denuncien ante las autoridades administrativas o judiciales y se constituyan en parte en los respectivos procesos.